Querido hijo: te regalo esta pila de deuda externa

Me resulta increíble como tan alegremente estamos dandole lo peor a las generaciones que nos siguen. Nuestro consumo de material inorgánico (que no se recicla), crecimientos gigantescos en la deuda externa, una concentración de poder cada vez más grande… y lo peor: la falta de preparación para la explosión que se avecina.

Durante mucho tiempo creí que era pesimista, que mis pensamientos y sentimientos sobre un apocalipsis que viene eran productos de mi “pesimismo”, de ver con malos ojos el futuro. Con el tiempo me di cuenta que simplemente es mi intución -ese CPU de capacidad inmensa tan difícil de controlar- el que me está dando las alertas. Y es que en el paradigma actual no hay futuro. Sencillamente es insostenible. “¡Entonces que cambie el paradigma y listo!” me diría alguien. Sí, desde ya. Con intención o con la fuerza de la realidad cayéndonos, el paradigma va a cambiar. Pero todo cambio de paradigma viene acompañado de dolor y de resistencia. Y como el cambio de paradigma va a afectar principalmente a los grupos mundiales más poderosos es obvio que no van a aceptarlo pasivamente.

Es prácticamente un hecho que Argentina, junto con otros países de similar “tercermundismo”, va a terminar con una deuda externa que no se va a poder pagar. Y con gobiernos débiles como el de Macri, que regala la tierra y la patria toda sin remordimientos, es muy fácil ver que van a llegar los banqueros internacionales a negociar. Algún culo va a sangrar. Y no va a ser el de la banca usurera internacional.