En estas elecciones se asoma un nuevo sol (y nos trae inmundicia)

Otra vez a votar. Otra vez la farsa. Otra vez falsas esperanzas. Otra vez este agotador loop de eternas promesas de cambio.

Es como la mente de un adicto. El lunes arranco la dieta. Este es el último atado de cigarrillos. No pasa nada si me tomo otro vinito. El faso no es adictivo.

Veo un gran displacer (en términos psicológicos) en esto de ir a votar. Un goce de algo que no es nada placentero. Un vuelta y vuelta, un Samsara del que la conciencia colectiva no puede salir. Un apego por la mente colmenar. Una entrega a un ser más elevado, sin importar si su elevación es real o fantasía pura. ¡Y es que ahora sí! ¡Este presidente habla inglés! Es OTRA COSA. Ahora sí vamos a ser un país de verdad.

La ignoracia es uno de los grandes males que nos podemos inflingir, y se puede medir tanto a nivel individual como a nivel colectivo. Los budistas ya lo saben desde hace rato y es una de las razones por las cuales considero que vamos a volver a un 2001 2.0. Espero que no sea tan duro como aquel. Y deseo que no devenga en la venta de tierras para obtener una quita a la deuda externa impagable.

Solo puede haber un cambio real y positivo si se encara un proyecto de país enfrentando todos los problemas reales de la Argentina y todas las soluciones reales posibles. Y eso, desde ya, incluye trascender partidos políticos individuales, aceptar y tener en cuenta los defectos argentinos y no cagar más alto de lo que nos da el culo. Fantasías no. Boludeces no. Los villeros no se van a convertir en ingenieros masivamente de un día para el otro. Material de estudio no es lo que falta.

La única certeza política que tengo es la siguiente: hospitalicen a Carrió.