¡A prepararse para la corrida cambiaria!

Lamentablemente el gobierno de Cambiemos nos llevó a tal desastre que dentro de muy poco estimo que vamos a empezar con la corrida cambiaria. Desde ya que no me refiero a un dólar a 80 pesos sino a varios cientos de pesos por dólar. Es menester tomar todas las medidas necesarias para que esto no nos afecte tanto. Por lo pronto, sacar los dólares de los bancos cuanto antes. En el mejor de los casos quedan unos meses. En el peor de los casos estamos contándolo en semanas. En cualquier caso, se viene el estallido.

¿Refugio frente a esta catástrofe? Lo de siempre: dólar. Dólar billete guardado en casa en lo posible. Para el que no se anime por el gran volumen de billetes que tiene en la caja de ahorro (afortunado!) una opción posible es una caja de seguridad. Estimo que los gobernantes no se van a animar a tanto, pero no lo descarto. Por lo menos lo que es seguro es que primero confiscarían cajas de ahorros así que habría margen de maniobra.

Otro refugio es Bitcoin. Recomiendo solo esta criptomoneda para almacenar valor. Tiene volatilidad pero tiende a subir. No se puede decir lo mismo de las otras. ¿Cómo usar Bitcoin? Depende del grado de seguridad que desees tener. La seguridad más baja es la billetera que nos da la casa de cambio (Ej: Cryptomkt, Satoshi Tango, Buenbit, ArgentBTC, etc.). Es una de las maneras más fáciles pero también más inseguras: en caso de que hackeen la casa de cambio, chau bitcoins. Opciones más seguras son billeteras para PC o para el celular pero hay que tener mucho cuidado con los virus y similares amenazas. Hace años existen virus que roban las bitcoins de nuestras billeteras. Muchísimo cuidado los que guarden bitcoins en una billetera que corra bajo Windows! (Linux y Mac OS son varias veces más seguros). La máxima seguridad la proveen billeteras físicas como Ledger y Trezor.

Otro refugio es el de los metales preciosos, como el oro y la plata. Sé que Banco Piano vende unidades estandarizadas de estos metales.

Y el que es muy pobre y no tiene cantidades de dinero que valga la pena guardar que compre alimento no perecedero. Recomiendo latas para estos momentos. Si ya no quedaran más latas se sigue con las legumbres, luego por el arroz y por último pastas secas. Este orden de compra es el que más va a convenir porque lo primero que van a volar van a ser las latas por su gran concentración nutricional. Los alimentos basados en harinas llenan pero terminan desnutriendo así que son última prioridad. Si solo hay eso o ni siquiera queda eso recomiendo escapar de la ciudad. La ciudad no produce alimentos así que si no llegan poca salvación hay. Ojalá no lleguemos a esos niveles. Por suerte los argentinos somos resilientes y si la macro está totalmente destruida vamos a recurrir a cualquier recurso necesario para salir adelante. Vuelve el club del trueque!

Enfrentar lo negativo no es atraer negatividad

Si uno a lo negativo le da entidad y llama o hace referencia a esa entidad más de lo necesario, considero que se atrae negatividad. Cuanto más te enfocás en la negatividad más la atraés. Pero enfrentarse contra la negatividad es otra cosa.

Tiene que ser un enfrentamiento lo más corto posible porque por debilidad o imperfección humana podemos llegar a apegarnos a esa negatividad. Ejemplo: si alguien recibe cariño cuando está enfermo pero no cuando está sano, dicho sujeto puede desarrollar una estrategia de enfermarse “a propósito”.

Enfrentarse a la enfermedad sería llegar a ese momento antes de que surja o apenas comienza. Hacemos lo que hay que hacer (mejor alimentación, más o mejor ejercicio, medicina si corresponde, etc.) y probablmente se vaya. Esto es todo lo contrario a atraer negatividad, aunque nos estemos focalizando en ella.

Y obvio que voy a hablar de economía: basta de boludeces. La plata está o la robaron. Las cuentas cierran o no cierran. No hay puntos intermedios entre esos estados. 0 o 1. Y si no saben llamen a alguien que sepa.

En términos macroeconómicos, sí, estamos condenados. Porque no va a haber salida fácil. O se reduce gasto público, o se imprimen billetes, o se confisca o lo que sea. Pero no me vengan con que en el 2039 (el default que le sigue al que se viene ahora) hace falta vender Chubut porque “no hay dinero para pagar tanta deuda”.

A pesar de que este gobierno aumentó la deuda externa en niveles de TRAICIÓN A LA PATRIA, todavía hay posibilidades de no entrar en niveles de pánico infinito. Pero eso requiere que YA se deje de tomar más deuda en dólares totalmente impagable. No hay Lebacs ni Letes ni LeGarchs que valgan. Se viene una devaluación importante.

Se va a tener que bajar el gasto público. Recordemos que la inmensa cantidad de obras públicas que se están haciendo (relativa a nuestra economía real) se está financiando con deuda. Todo el gobierno de CABA se sustentó con deuda desde que existe el Pro. Muchísimos subsidios siguen en pie y no se cubren con economía real.

Y va a haber recesión. Obviamente. Cuando toda la actividad basada en la toma de deuda se estanque va a haber muchísimo menos consumo y menor consumo genera recesión (quiebres, despidos).

Este es el mejor escenario. El peor es el que tomen deuda, las empresas de calificaciones económicas le suban la nota a Argentina (“Lo de mayo 2018 solo fue un susto”) y se empiece a tomar más deuda. Esto lo que va a lograr es que el problema explote más adelante con muchísima más fuerza.

¿Qué va a ganar? Me encantaría saberlo. Pero mis sentidos arácnidos me dicen que a la dirigencia política le encanta hacer mierda el país por unos dólares. Total, solo hay que llenar una provincia de ácido y las empresas mineras trabajan tranquilas.

Por último, las condiciones las pone el FMI. Argentina no tiene a Trump, tiene a un pelotudo que flashea limones cuando el otro piensa quien se va a morfar la atómica primero. O sea, fue el que creyó que no iba a ganar.

Compren bitcoins.

Se va a 100

Estamos condenados y lejos de querer pegar la vuelta estamos acelerando a fondo.

El gasto público es insostenible y ya no va a haber toma de deuda que lo emparche. Los mercados no son boludos, ya nadie va a querer prestar y la carta del FMI ya se tiró sobre la mesa. Si le sumamos la boludez en la que la gente está inmersa, ya sea por influencia del relato de los medios o voluntad propia, poco se puede evitar más que aguantar fuerte el impacto cuando llegue.

Lamento anunciarte que estamos viendo el comienzo de la debacle económica argentina. Las subidas del dólar serán cada vez más frecuentes y van a generar un efecto espiral del que no vamos a salir sin una implosión de tipo 2001. Cabe destacar que no se va a tratar de una crisis de la misma naturaleza, ya que esta seguramente termine siendo hiperinflacionaria.

En fin, a elecciones de 2019 creo que llegan como sea, aunque tengan que vender Chubut. Total, el patriotismo ya fue. Si nos dan suficiente dinero que establezcan el Reino de la Araucanía y la Patagonia. Estoy seguro que muchos porteños piensan como lo acabo de parodiar pero ni se animan a admitirselo a sí mismos.

G20: la prueba de que tenemos un gobierno desastroso

Más allá del desastre continuo al que el gobierno de Cambiemos nos somete desde que Macri asumió la gobernación de la ciudad de Buenos Aires, este G20 creo que es la demostracioón final de que no hay forma de evitar que este gobierno nos lleve al desastre si prosigue 4 años más. Incluso afirmo que estos 4 años ya fueron suficientes para destrozar el país, pero siempre se puede estar peor.

Desde la reunión entre Donald Trump y Xi Jin Ping que se hizo en un pasillo (archivo) del hotel hasta el acople larguísimo mientras estaba hablando Vladimir Putin y sin obviar a Macron bajando del avión, donde fue recibido por un empleado con chaleco amarillo.

Francamente no puedo entender como es que alguien puede querer seguir apoyando a este gobierno. Incluso frente a cualquier otra alternativa. Creo que es gente que está más enfrascada en un relato que en la realidad. Que alguien me ayude a entender por qué desean que esta realidad continue.

Este G20 es una de las cosas más avergonzantes por la que hayamos pasado.

De acuerdo: no hay aborto para nadie

Pocas cosas dividen a la Argentina como el tema del aborto. Y es que somos un país muy diverso: tenemos sectores en donde el cristianismo está profundamente arraigado y otros sectores donde lo que prima es la última moda ideológica de occidente. Por lo tanto, lo que acá manda no es quien tiene la cadena lógica de ideas más coherente sino cuál es la emoción que más pega.

Eso sí, no me gustó quedar del lado izquierdo en esta polémica. La misma izquierda que se desgarra hablando de las víctimas de los abortos es la izquierda que cometió más genocidios en la historia de la humanidad moderna. Y no veo indicios de que esta sea otra izquierda. Todo lo contrario: como toda ideología colectivista la diversidad de opiniones (en lo que importa) no está garantizada. La menciono porque es la misma izquierda que habla de “dinosaurios” (que votaron en contra) cuando ellos profesan una ideología con más de 100 años que falló en todos lados donde se la aplicó. Desde ya que la culpa siempre es de otro.

Me pregunto si la próxima sale la ley. Me da la impresión que sí, que este es el último manotazo de ahogado conservador. Muchos van a cambiar sus votos solo por este tema.

Igualmente el gran perdedor de esta movida fue Macri. No sé si no se dio cuenta o si nunca le importó, pero con esto que pasó los pro-vida no lo van a querer ver más. Hay olor a traición y viene desde Cambiemos.

Esa inmunda sensación negativa que no se va y que no me deja tranquilo

Quiero ser positivo. No me da la impresión de que me guste la negatividad. Siempre consideré que lo mejor está por venir.

Así y todo, no dejo de tener una sensación horrible de negatividad constante. Y es que si te dicen “Quedate tranquilo que por 4 años vas a estar sano. Eso sí, en 2022 te va a agarrar cáncer”, ¿te podrías quedar tranquilo esos cuatro años? ¿Tendrías cuatro años de plenitud o te carcomería la ansiedad?

Así me siento con respecto al futuro de la Argentina para la década del ’20. Estamos yendo camino al desastre, otra vez. Nuevamente la autoflagelación nos atrae y ponemos a cargo a la misma gente que llevó al país al desastre. Con sus mismas doctrinas, misma escuela de pensamiento y -en cierta forma- mucho peor por el blindaje que el gobierno de “las kukas” les dio a los pseudocapitalistas que Macri* capitanea.

Llevandolo más al plano global tampoco estoy muy bullish que digamos aunque el desastre capaz no llegue tan rápido como al cono sur. Lo siento más para alrededor de 2030 o tal vez, en un macabro giro kabalístico, los globalistas lleven intencionalmente el conflicto a las mismas fechas del gran conflicto que vivimos exáctamente 100 años atrás: la Segunda Guerra Mundial. Sea como fuere, este siglo XXI va a ser “interesante”, si es que acaso se lo puede llamar así a un conflicto global de magnitud nunca antes vista, magnitud que claramente va a estar muy impulsada por la conexión que antes no existía.

Si la guerra va a ser en el campo de las ideas también vamos mal. Vicios, pérdida de tiempo, centralización (y pueblos pidiendola), control, totalitarismo, dominación… En fin, todo tipo de abuso de poder y de pacientes del síndrome de Estocolmo van a formar el cóctel.

¿Mi plan? Hell if I know.

* O Durán Barba, o el agro, o George Soros o quien mierda sea

En estas elecciones se asoma un nuevo sol (y nos trae inmundicia)

Otra vez a votar. Otra vez la farsa. Otra vez falsas esperanzas. Otra vez este agotador loop de eternas promesas de cambio.

Es como la mente de un adicto. El lunes arranco la dieta. Este es el último atado de cigarrillos. No pasa nada si me tomo otro vinito. El faso no es adictivo.

Veo un gran displacer (en términos psicológicos) en esto de ir a votar. Un goce de algo que no es nada placentero. Un vuelta y vuelta, un Samsara del que la conciencia colectiva no puede salir. Un apego por la mente colmenar. Una entrega a un ser más elevado, sin importar si su elevación es real o fantasía pura. ¡Y es que ahora sí! ¡Este presidente habla inglés! Es OTRA COSA. Ahora sí vamos a ser un país de verdad.

La ignoracia es uno de los grandes males que nos podemos inflingir, y se puede medir tanto a nivel individual como a nivel colectivo. Los budistas ya lo saben desde hace rato y es una de las razones por las cuales considero que vamos a volver a un 2001 2.0. Espero que no sea tan duro como aquel. Y deseo que no devenga en la venta de tierras para obtener una quita a la deuda externa impagable.

Solo puede haber un cambio real y positivo si se encara un proyecto de país enfrentando todos los problemas reales de la Argentina y todas las soluciones reales posibles. Y eso, desde ya, incluye trascender partidos políticos individuales, aceptar y tener en cuenta los defectos argentinos y no cagar más alto de lo que nos da el culo. Fantasías no. Boludeces no. Los villeros no se van a convertir en ingenieros masivamente de un día para el otro. Material de estudio no es lo que falta.

La única certeza política que tengo es la siguiente: hospitalicen a Carrió.

Querido nieto: te regalo esta pila de deuda externa

No tengo hijos, pero de tenerlos (y asumiendo que ellos tengan hijos), ya sé que para mis nietos va el mismo regalo: otra hermosa pila de deuda externa.

Hoy se anunció un bono a pagar en 100 años con un cupón del 8,25%. México lo paga la mitad. Están prendiendo fuego el país a futuro, todo para obtener miles de millones de dólares rápido y “demostrar gestión” y que oooootra vez el pueblo vuelva a votarlos porque “Ay, que lindo paseo que puso Mauricio” y todo el marketing de mierda que parece que funciona porque lo siguen pagando.

Desde este humilde lugar insto a todo ciudadano de la República Argentina a tomarse un tiempo por semana para investigar lo que es la deuda pública y los estragos que causó en el país. No hace falta ir a los libros: cualquier viejo te lo puede contar de varias maneras, según cual de todas las tomas de deuda elija hablar.

No estoy esperanzado con el futuro de la Argentina, al menos no en el mediano plazo. La masa está en la boludez atómica. Y los seres individuales responden al mismo patrón de “Me voy a Miami a comprar todo más barato allá” (y lo peor es que tienen razón). Cero inversión en el país, todo mantenido con deuda. No se trata de si va a pasar, se trata de cuando va a llegar la crisis. Y las crisis a este país vuelven porque la gente se olvida de lo que son y qué las causa.

El samsara adaptado al argentino

Querido hijo: te regalo esta pila de deuda externa

Me resulta increíble como tan alegremente estamos dandole lo peor a las generaciones que nos siguen. Nuestro consumo de material inorgánico (que no se recicla), crecimientos gigantescos en la deuda externa, una concentración de poder cada vez más grande… y lo peor: la falta de preparación para la explosión que se avecina.

Durante mucho tiempo creí que era pesimista, que mis pensamientos y sentimientos sobre un apocalipsis que viene eran productos de mi “pesimismo”, de ver con malos ojos el futuro. Con el tiempo me di cuenta que simplemente es mi intución -ese CPU de capacidad inmensa tan difícil de controlar- el que me está dando las alertas. Y es que en el paradigma actual no hay futuro. Sencillamente es insostenible. “¡Entonces que cambie el paradigma y listo!” me diría alguien. Sí, desde ya. Con intención o con la fuerza de la realidad cayéndonos, el paradigma va a cambiar. Pero todo cambio de paradigma viene acompañado de dolor y de resistencia. Y como el cambio de paradigma va a afectar principalmente a los grupos mundiales más poderosos es obvio que no van a aceptarlo pasivamente.

Es prácticamente un hecho que Argentina, junto con otros países de similar “tercermundismo”, va a terminar con una deuda externa que no se va a poder pagar. Y con gobiernos débiles como el de Macri, que regala la tierra y la patria toda sin remordimientos, es muy fácil ver que van a llegar los banqueros internacionales a negociar. Algún culo va a sangrar. Y no va a ser el de la banca usurera internacional.