Esa inmunda sensación negativa que no se va y que no me deja tranquilo

Quiero ser positivo. No me da la impresión de que me guste la negatividad. Siempre consideré que lo mejor está por venir.

Así y todo, no dejo de tener una sensación horrible de negatividad constante. Y es que si te dicen “Quedate tranquilo que por 4 años vas a estar sano. Eso sí, en 2022 te va a agarrar cáncer”, ¿te podrías quedar tranquilo esos cuatro años? ¿Tendrías cuatro años de plenitud o te carcomería la ansiedad?

Así me siento con respecto al futuro de la Argentina para la década del ’20. Estamos yendo camino al desastre, otra vez. Nuevamente la autoflagelación nos atrae y ponemos a cargo a la misma gente que llevó al país al desastre. Con sus mismas doctrinas, misma escuela de pensamiento y -en cierta forma- mucho peor por el blindaje que el gobierno de “las kukas” les dio a los pseudocapitalistas que Macri* capitanea.

Llevandolo más al plano global tampoco estoy muy bullish que digamos aunque el desastre capaz no llegue tan rápido como al cono sur. Lo siento más para alrededor de 2030 o tal vez, en un macabro giro kabalístico, los globalistas lleven intencionalmente el conflicto a las mismas fechas del gran conflicto que vivimos exáctamente 100 años atrás: la Segunda Guerra Mundial. Sea como fuere, este siglo XXI va a ser “interesante”, si es que acaso se lo puede llamar así a un conflicto global de magnitud nunca antes vista, magnitud que claramente va a estar muy impulsada por la conexión que antes no existía.

Si la guerra va a ser en el campo de las ideas también vamos mal. Vicios, pérdida de tiempo, centralización (y pueblos pidiendola), control, totalitarismo, dominación… En fin, todo tipo de abuso de poder y de pacientes del síndrome de Estocolmo van a formar el cóctel.

¿Mi plan? Hell if I know.

* O Durán Barba, o el agro, o George Soros o quien mierda sea

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